01 noviembre, 2008

Amsterdam

Desde ayer, tengo una ventana mágica en mi casa. En realidad no es una ventana, sino un cuadro.


Como si de un libro de Carlos Ruiz Zafón se tratara, siento que al mirarlo hago un viaje dentro de él; llevo una chaqueta, un gorro y una bufanda de colores bien larga, siento como la humedad que desprenden los canales se pega en mi cara, pero no me importa. Las calles están vacías, respiro hondo y siento que soy feliz. Ahí está esperándome, como siempre, impaciente por recorrer nuevas calles, por perderse en nuevas aventuras. Ella es la gran protagonista, vestida de rojo chillón.


Miro la hora, es tarde, me he quedado atrapada otra vez en sus calles, sus canales, su olor y su magia. Amsterdam fue la ciudad en la que decidimos estar siempre juntos, y ahora que es un hecho, ella ha vuelto a nosotros, a nuestra casa.

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